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Preparación para el bootcamp de Skylab Coders

30 · May · 2018

Gerard trabajaba como técnico de sistemas en AXA y su interés por la programación hizo que aplicara para los cursos de Skylab Coders. Superó las pruebas de acceso y ahora se prepara para empezar el curso de desarrollo web de verano. Las últimas semanas ha recorrido casi a diario los 26 kilómetros que separan Skylab Coders de Polinyà, ciudad en la que vive, para estudiar, coger ritmo y empezar lo más preparado posible el curso.

Gerard se obliga a venir a la escuela para conseguir el objetivo que se ha marcado: trabajar como developer en septiembre. Sabe que el curso es duro pero es consciente que si quiere conseguir ser un Skylab Coder y formar parte de la comunidad de alumnos, tiene que implicarse al 100% en el proceso. Sabe que darlo todo durante varios meses tendrá su recompensa.

Dedicarse a algo que le apasiona

Reconoce que no fue un buen estudiante, pero por primera vez ha encontrado algo que le gusta. Al venir a la escuela quiere rodearse del entorno en el que vivirá durante tres meses, come con los alumnos del curso de abril, puede preguntar a los profesores y empuja a sus futuros compañeros cuando tienen dudas con los ejercicios del curso de preparación.

Miedos

Tener delante un curso pesado, intenso y rápido como un bootcamp da miedo. El curso de Skylab Coders es especialmente difícil por la profundidad a la que llegamos y lo estrictos que somos con el testing (TDD) y la aplicación constante de principios de ingeniería de software. Frases como "no sabré hacerlo" o "no lo entenderé" son habituales. Poco a poco, preguntando sin miedo, con los compañeros, con los profesores asistentes y mucha tenacidad, las cosas van saliendo.

Cada vez las cosas cuestan menos

Gerard nos comenta que si, al principio, un ejercicio le costaba 10 (en una escala del 1 al 10), la segunda vez le cuesta 4. Ha descubierto una de las cosas más importantes del curso: la primera vez parece imposible, pero si se persevera, la segunda vez que se afronta un problema, duele menos, y menos, y menos... Cada vez se siente capaz de hacer más cosas. Incluso se sorprende cuando sus compañeros, que quizás han programado antes, le preguntan dudas. Le pasan código, es capaz de entenderlo y ayudarles. "¿Cómo me podía imaginar esto? En un mes... no me lo esperaba", nos dice.

Aprender en grupo

Sin la asiduidad de Gerard, cada vez más alumnos del grupo se unen a las sesiones de estudio o quedan una vez por semana en algún bar para prepararse juntos. Algunos vuelven de viajes, otros dejan ya su trabajo y dedican las últimas semanas antes de empezar a prepararse al máximo.